sábado, 26 de octubre de 2013

Dioses celosillos

"Pensamos que esos dioses son omniscientes, pero la verdad es que saben muy poco y lo que saben lo saben muy en líneas generales. No tienen un corpus de conocimiento que puedan considerar propio, no tienen una filosofía propiamente dicha. Su cosmología es un surtido de lugares comunes. Su único talento es el vuelo astral y la única ciencia que han cultivado es la antropología. Se especializan en la humanidad debido a lo que nosotros tenemos y a ellos les falta. Nos estudian porque nos envidian".

J.M. Coetzee; Elisabeth Costello.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Dudas delicadas

"Cuando cumplí los diez años dejé de ser una niña; mi madre, una mujer prudente y buena, me decía así:
-Una mujer debe guardar ante los hombres un florido silencio, procurando retirarse tan pronto como sea posible y hacerlo sin pasar por torpe.

Estas palabras sonaban en mis oídos la primera vez que me encontré ante mi esposo. Incliné la cabeza, levantando las manos sin contestar a su discurso. ¡Pero temo que debió parecerle muy monótono mi silencio!

Pearl S. Buck; Viento del este, viento del oeste.


domingo, 21 de abril de 2013

Metaliteratura

"La literatura, por mucho que nos apasione negarla, permite rescatar del olvido todo eso sobre lo que la mirada contemporánea, cada día más inmoral, pretende deslizarse con la más absoluta indiferencia."

Vila-Matas, Enrique: "Bartleby y compañía".


Arriba del monte Damawand (Irán)

"Él contemplaba con sorpresa una ondulante franja azul en la lejanía, pero yo ya no tenía fuerzas para explicarle que se trataba del Caspio, el mar que nos separaba de la desaparecida Unión Soviética. Divisaba en el horizonte una vaga raya de color verde oscuro, sin saber que se trataba del mayor bosque de Persia.
Intenté darle a entender por señas que se asomara detrás de la roca para ver las cadenas montañosas que se extendían hasta el fin del mundo. Pero no lo conseguí. Me dormí y todo quedó sumido en el silencio".






Abdolah, Kader: "El reflejo de las palabras"
Foto: Internet

domingo, 10 de febrero de 2013

Don Quijote

"Mas, como don Quijote tenía el sentido del olfato tan vivo como el de los oídos, y Sancho estaba tan junto y cosido con él que casi por la línea recta subían los vapores hacia arriba, no se pudo escusar de que algunos no llegasen a sus narices; y, apenas hubieron llegado, cuando él fue al socorro, aprentándolas entre los dos dedos; y, con tono algo gangoso, dijo:
 -Paréceme, Sancho, que tienes mucho miedo.
 -Sí tengo -respondió Sancho-; más, ¿en qué lo echa de ver vuestra merced ahora más que nunca?
 -En que ahora más que nunca hueles, y no a ámbar -respondió don Quijote"



"La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. Digo esto, Sancho, porque bien has visto el regalado, la abundancia que en este castillo que dejamos hemos tenido; pues en metad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de nieve, me parecía a mí que estaba metido en las estrecheces de la hambre; porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos, que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recibidas son ataduras que no dejan campear el ánimo libre. "Venturoso aquél a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!".


jueves, 17 de enero de 2013

Blanco



Yo, como el resto de los hombres, bebo para olvidar.
Al atardecer avanzo sin compañía
el hielo bajo mis pies
y  sobre mis espaldas.

Yo, hombre inuit, bebo como otros pueblos
porque quiero perderme
en la noche helada
que parece infierno.

Vinieron ellos, con su limosna.
El trineo dejó de deslizarse,
jubilamos los arpones.

Yo, nieto de héroes
bebo porque he olvidado
mi dioma y mi credo
el agua, el aire
y al resto de criaturas
que comparten mi tierra.

Bebo para tener una excusa
con la que resbalar
sobre un hielo
derretido, como yo,
que me haga caer
al agua oscura
donde descansan las ballenas.

Las bendeciré, y luego me hundiré
hasta el fondo,
con los abuelos de mi abuelo
con la dignidad ahogada de mi raza.


A.V

 

martes, 6 de noviembre de 2012

Paisaje y añoranza

"Pero la razón por la cual Otoko deseaba pintar la plantación de té de Uji no era sólo el placer que le causaba las ondas de diferentes matices de verde. Después de romper con Oki había huido a Kioto con su madre, pero había efectuado varios viajes a Tokio. Lo que más recordaba de aquel período eran los campos de té contiguos a Shizuoka, vistos desde la ventanilla del tren. A veces los veía a mediodía, otras veces al atardecer. Pero entonces sólo era una colegiala e ignoraba que algún día sería pintora; pero ante el espectáculo de los campos de té, la tristeza de la separación la había oprimido repentinamente. No podía decir por qué aquellas lomas verdes, tan poco vistosas, habían llegado tanto a su corazón, cuando a lo largo de las vías férreas había montañas, lagos, el mar y a veces hasta nubes de tonalidades caprichosas. Pero quizá fuera su melancólico verde y las melancólicas sombras crepusculares de las hondanadas lo que había provocado su dolor. Eran lomas pequeñas, bien cuidadas, con vallecitos oscuros: no era un panorama silvestre. Y las hileras de arbustos redondeados parecían rebaños de mansas ovejas verdes. Pero era muy probable que aquel estado de ánimo se debiera simplemente a que su tristeza había llegado al apogeo cuando cruzó por primera vez los campos de Shizuoka".

Kawabata, Yasunari: "Lo bello y lo triste"

Foto: Internet.